La definición del ministro de Economía, Luis Caputo, sobre su vestimenta abrió una nueva polémica vinculada al precio de la ropa y al costo de vida en la Argentina. Al asegurar que utiliza prendas de la firma española Massimo Dutti porque es “una casa relativamente buena y barata”, el funcionario dejó expuesta una visión del consumo que contrasta de forma directa con la realidad económica de la mayoría de la población.
Lejos de tratarse de una elección accesible, el atuendo que el ministro considera “barato” duplica el costo de opciones equivalentes disponibles en el mercado local, incluso dentro del mismo grupo empresarial. Massimo Dutti pertenece al holding textil Inditex, dueño también de Zara, marca que sí opera en la Argentina y ofrece prendas formales a precios sensiblemente menores.
El “traje barato” que no lo es
Un relevamiento de precios deja en evidencia la brecha. Vestirse como el ministro, con saco y pantalón de Massimo Dutti importados, implica un gasto cercano a un millón de pesos. Los sacos oscilan entre 420 y 690 euros, mientras que los pantalones alcanzan valores de hasta 220 euros, cifras completamente alejadas del consumo promedio local.
En contraste, un conjunto formal de Zara Argentina, perteneciente al mismo grupo Inditex, resulta considerablemente más económico:
Traje 100% lana: saco a $419.990 y pantalón a $205.990, con un total de $625.980.
Traje Slim Fit: saco a $289.990 y pantalón a $149.990, con un costo final de $439.980.
En términos concretos, el concepto de “barato” al que alude Caputo implica gastar casi un 60% más que el tope de gama de la misma empresa en la Argentina.
Desconexión y mensaje político
La polémica excede lo anecdótico. En un contexto de ajuste, caída del consumo y pérdida del poder adquisitivo, las declaraciones del ministro refuerzan la percepción de una élite gobernante desconectada del día a día de los ciudadanos. Mientras el Gobierno insiste en la necesidad de “ordenar la economía” y apela al sacrificio social, sus principales referentes exhiben estándares de consumo ajenos al común de la población.
La comparación es elocuente: con lo que cuesta el traje “económico” del ministro, un argentino podría comprarse dos trajes de lana en Zara Argentina. Más que un comentario desafortunado, la frase de Caputo expuso una brecha simbólica y material entre quienes toman decisiones económicas y quienes padecen sus consecuencias.

