En un contexto económico atravesado por una inflación mensual que se mantiene por encima del 2,8%, el mercado laboral argentino continúa ajustándose y reconfigurando las expectativas salariales de quienes buscan empleo.
Un relevamiento reciente basado en datos de Bumeran permite trazar una radiografía actualizada —a marzo de 2026— sobre cuánto consideran necesario ganar los trabajadores para vivir “bien” en el país, con diferencias marcadas según el rubro.
Los sectores con mayores pretensiones salariales son aquellos vinculados a posiciones jerárquicas y áreas estratégicas. En ese sentido, los cargos de Gerencia y Dirección General lideran el ranking con un promedio de $2.300.888 mensuales, seguidos por Minería, Petróleo y Gas ($1.975.031) y Administración, Contabilidad y Finanzas ($1.882.872).
También se destacan rubros como Ingeniería Civil y Construcción ($1.779.613), Ingenierías ($1.686.723), Recursos Humanos ($1.690.877) y Tecnología, Sistemas y Telecomunicaciones ($1.555.324), todos con expectativas por encima del millón y medio de pesos.
En un nivel intermedio aparecen áreas como Marketing y Publicidad, Ventas, Producción, Comunicación y Logística, con salarios pretendidos que oscilan entre $1,3 millones y $1,5 millones mensuales.
Por debajo de ese rango se ubican sectores históricamente más relegados en términos salariales, como Gastronomía y Turismo ($975.763), Atención al Cliente ($916.060) y Enfermería ($1.033.319), cuyos ingresos promedio pretendidos no alcanzan el millón de pesos o apenas lo superan.
En términos generales, el informe muestra que la mayoría de los trabajadores calificados aspira a ingresos que van de $1,2 millones a $1,7 millones mensuales, rango que hoy funciona como referencia para sostener un nivel de vida considerado adecuado.
En contraste, quienes proyectan carreras en puestos jerárquicos o altamente especializados elevan sus expectativas por encima de los $2 millones, lo que evidencia una brecha cada vez más amplia entre los distintos niveles del mercado laboral.
De esta manera, los datos reflejan no solo el impacto de la inflación sobre los ingresos, sino también las desigualdades estructurales entre sectores, que continúan marcando el pulso del empleo en la Argentina.

