Nacionales

La Metamorfosis del Ajuste en Argentina – De la Promesa de Modernidad a la Estética de la Crueldad

La historia económica reciente de Argentina parece estar atrapada en un “loop” de repetición marcado por lo que expertos denominan las “cuatro M”: Martínez de Hoz, Menem, Macri y Milei.

Por Rubén Magliotti

Si bien estos cuatro modelos comparten una raíz común de apertura económica, desregulación, el endeudamiento internacional y reducción del rol del Estado, en sus estructuras de poder se revela una mutación inquietante en la forma en que se justifica el sacrificio social y se ejerce la autoridad.

La aceleración del colapso: Ciclos cada vez más breves

Una de las conclusiones más críticas de este análisis es la progresiva aceleración de los ciclos históricos. Mientras que el modelo de Martínez de Hoz comenzó su declive serio tras cuatro años con la caída del Banco de Intercambio Regional en 1980, y el menemismo logró sostener un auge de ocho años bajo la convertibilidad, los procesos actuales son mucho más efímeros. El declive de la gestión de Mauricio Macri se sitúa apenas a los dos años de mandato, con un punto de inflexión tras la reforma jubilatoria de 2017, y en el caso de Javier Milei, se observa una tendencia donde “las victorias y las derrotas son cada vez más cortas“, evidenciando una fragilidad inédita en la confianza social.

El vacío del “Para qué”: ¿Ajuste o modernidad?

El Menemismo y la Modernidad:

El modelo de los 90 de Carlos Menem, ofrecía un “ideario de puerta de acceso a la modernidad”. La sociedad aceptaba el ajuste y la desregulación a cambio de beneficios tangibles, estabilidad tras la hiperinflación, acceso al consumo masivo (shoppings y supermercados), tecnología y viajes al exterior. Había un “para qué” que funcionaba como motor de consenso. La convertibilidad había logrado el milagro entusiasmando a la clase medias, luego vendría la debacle y los costos de pagar la fiesta.

El Mileísmo y la Distopía:

El escenario actual es calificado como un “ajuste literalmente distópico”. A diferencia del pasado, hoy se exige un sacrificio extremo en pos de un “equilibrio fiscal”, pero carece de una promesa clara de bienestar o consumo que lo justifique.

La clase media se está empobreciendo, los sectores populares cada vez deben realizar más sacrifico y recortes, sólo crece el trabajo informal de plataformas de transporte como uber y didi y servicios de reparto del estilo de los delivery.

No está claro cuál es el beneficio final para la clase media y los sectores populares que compensará la privación social, este desconcierto va sumando cada vez un mayor número de adeptos, así lo refleja el índice de desaprobación del 65% de la actual gestión relevado en la última encuesta de Zuban Córdoba

De la “Fiesta Noventosa” a la “Guerrilla de Trolls”

La estética del poder también ha sufrido una transformación radical, pasando de la exhibición del lujo a la “exhibición de la agresión”. Durante el menemismo, la impunidad se manifestaba de forma “fiestera” a través de los excesos en la Quinta de Olivos, el lujo y las relaciones sociales glamorosas. En la actualidad, esa estética ha sido reemplazada por un lenguaje violento y una “guerrilla de trolls”.

Hoy se ha consolidado un fenómeno de época donde la crueldad es la nueva norma.

La mutación de la conciencia joven

Un pilar fundamental del apoyo a Milei fue el “culto al individualismo” de los jóvenes que emergieron de la pandemia. Sin embargo, la crisis económica está forzando una nueva concientización política en este sector. Los adolescentes hoy están desarrollando una visión distinta al observar de primera mano el deterioro de sus hogares: padres que pierden el empleo o que, a pesar de trabajar, no llegan a fin de mes. Este impacto directo en el seno familiar está quebrando la fantasía individualista inicial.

Un poder sin red

Finalmente, es evidente una vulnerabilidad política clave en el modelo actual. Mientras que Carlos Menem contaba con el respaldo de una estructura partidaria tradicional y poderosa como el Partido Justicialista, Javier Milei carece de un partido propio fuerte. Su fenómeno se sostiene primordialmente a través de medios de comunicación y grupos empresarios, lo que, sumado a la brevedad de los ciclos de confianza, plantea un escenario de erosión acelerada y alta volatilidad social.

La nota en formato podcast acá

https://drive.google.com/file/d/10sZSf3Rr87ryPWw-TGYvqkf9-JEhvB3X/view?usp=sharing

También te puede gustar...