La industria textil atraviesa una de las crisis más profundas de las últimas décadas, marcada por la caída del consumo, el avance descontrolado de las importaciones y el abierto desinterés del Gobierno nacional por el destino del sector. Así lo advierte un reciente informe de la consultora Analytica, que describe un escenario de fuerte deterioro productivo y laboral.
El sector emplea de manera directa a más de 250 mil trabajadores, pero enfrenta una combinación letal: producción desplomada, capacidad instalada en mínimos históricos y competencia externa favorecida por la política oficial. En algunos segmentos, la actividad cayó casi 50% interanual, mientras que la utilización de la capacidad instalada se ubica en apenas 29%, uno de los niveles más bajos de toda la serie histórica.
Lejos de mostrar preocupación por el impacto social y productivo, importantes funcionarios del oficialismo realizaron declaraciones que fueron interpretadas como un desprecio explícito hacia la industria nacional. El ministro de Economía, Luis Caputo, y la senadora Patricia Bullrich realizaron comentarios en los que minimizaron la situación del sector, exaltaron la ropa importada y responsabilizaron implícitamente a los productores locales por los altos precios.
Estas expresiones generaron un fuerte rechazo público. La actriz Marixa Balli calificó los dichos como ofensivos frente a una población que enfrenta serias dificultades económicas, mientras que el diseñador Benito Fernández cuestionó que se señale a los fabricantes nacionales como los responsables del encarecimiento de la indumentaria.

