El ritmo de la inflación no solo no se detuvo, sino que viene acelerándose de manera sostenida desde hace ocho meses, según advierten especialistas. Las proyecciones para febrero y marzo anticipan nuevos incrementos, con especial impacto en alimentos y bebidas, los rubros que más presionan sobre el bolsillo de los sectores populares.
De acuerdo con estimaciones privadas, la inflación mensual se ubica cerca del 3%, un nivel que pone en tensión el discurso oficial que insiste en una desaceleración del proceso inflacionario.
El economista Orlando Ferreres calificó el registro de 2,9% como “un poco alto”, aunque reconoció que se trata de un dato que refleja la dinámica real de los precios. Su consultora había proyectado una inflación del 2,7%, medida con metodología comparable a la del organismo estadístico oficial.
“Los datos son los datos”, sostuvo el economista, al tiempo que admitió que la tendencia inflacionaria se viene acelerando de forma constante, sin señales claras de reversión en el corto plazo.
En cuanto al acumulado anual, Ferreres estimó que el costo de vida superará el 20%, un número que, aunque podría ubicarse por debajo del registrado en 2025, sigue representando una carga significativa para los ingresos reales, especialmente en un contexto de ajuste, caída del consumo y pérdida del poder adquisitivo.
Desde el sector privado advierten que la persistencia de aumentos en alimentos y bebidas erosiona rápidamente cualquier mejora nominal en salarios o jubilaciones, y cuestionan la efectividad de la estrategia económica del Gobierno para contener los precios sin profundizar el deterioro social.
Mientras tanto, la inflación vuelve a convertirse en un factor central de incertidumbre económica, con proyecciones que desmienten la idea de una estabilización consolidada.

