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Bullrich habla de la reforma más importante en 50 años: un guiño a la era de la dictadura

La senadora Patricia Bullrich definió el proyecto de “Modernización Laboral” como la reforma más importante de los últimos 50 años. La frase, lejos de pasar inadvertida, abre un interrogante político e histórico inevitable: hace 50 años la Argentina atravesaba el período más oscuro de su historia reciente, con una dictadura cívico-militar que suprimió derechos, persiguió a dirigentes sindicales, intervino gremios y desmanteló conquistas laborales.

La comparación no es menor. Ubicar la reforma actual en una línea temporal que retrocede medio siglo implica remontarse a una etapa signada por la ausencia de democracia, la censura y la represión sobre el movimiento obrero. Durante la dictadura, miles de delegados y trabajadores fueron detenidos, desaparecidos o expulsados de sus lugares de trabajo en el marco de un proceso de disciplinamiento social que incluyó una profunda reestructuración económica en detrimento del salario y la industria nacional.

En ese contexto histórico, reivindicar que “ningún gobierno lo ha logrado” y que esta será la transformación más relevante en cinco décadas puede interpretarse como la admisión de que se trata de un cambio estructural de gran magnitud sobre el mundo del trabajo. La pregunta que surge es en qué dirección: ¿hacia la ampliación de derechos o hacia su reducción?

El proyecto que impulsa el oficialismo incluye modificaciones sensibles en materia de financiamiento sindical, negociación colectiva e indemnizaciones, aspectos que históricamente han sido pilares del sistema de protección laboral argentino. La negociación con bloques aliados y con la CGT para postergar la quita de aportes solidarios muestra que incluso dentro del esquema de poder existen tensiones sobre el alcance de la reforma.

Pero el eje simbólico permanece: al enmarcar la iniciativa como la más importante en medio siglo, Bullrich instala la idea de un punto de inflexión. En un país donde los derechos laborales fueron una conquista asociada a la democracia y a la reconstrucción institucional posterior a 1983, toda reforma que los modifique de manera sustantiva inevitablemente dialoga con esa memoria histórica.

Las grandes transformaciones laborales de la Argentina reciente estuvieron ligadas a debates intensos sobre el rol del Estado, el poder sindical y la distribución del ingreso. Por eso, cuando se invoca un horizonte de 50 años, no se trata solo de una cifra retórica: es una referencia que remite a un período en el que los trabajadores no podían negociar libremente, ni organizarse sin riesgo.

En ese marco, la afirmación de Bullrich no solo busca destacar la magnitud política de la reforma, sino que también expone el carácter estructural del cambio que se pretende introducir. La discusión de fondo no es únicamente técnica, sino histórica: qué modelo laboral quiere consolidar el Gobierno y qué lugar ocuparán los derechos colectivos en esa nueva arquitectura normativa.

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