El secretario general de La Fraternidad, Omar Maturano, confirmó que durante el paro convocado por la Confederación General del Trabajo no habrá transporte ferroviario en todo el país y endureció su discurso contra la reforma laboral que impulsa el Gobierno.
“Son todos unos mentirosos que nos quieren llevar a la esclavitud y nosotros a la esclavitud no vamos a ir”, lanzó en declaraciones radiales, en referencia al proyecto promovido por el presidente Javier Milei. El tono expone el nivel de confrontación creciente entre el oficialismo y el sindicalismo, en un escenario donde el diálogo parece cada vez más lejano.
Maturano ratificó que será un paro total de actividades sin movilización. La decisión, explicó, responde a una cuestión práctica: “Si el transporte no anda, no se puede movilizar a los compañeros”. La definición deja al descubierto, sin embargo, las tensiones internas dentro del propio frente gremial, donde sectores como la UOM reclaman medidas más activas y prolongadas.
El dirigente advirtió que la reforma laboral sería apenas el primer paso de una serie de cambios más amplios que afectarían la estructura sindical y el sistema previsional. “Después vendrán por la Ley de Asociaciones Sindicales y por otra Ley de Previsión”, sostuvo, sugiriendo que el Gobierno prepara un paquete de iniciativas que reconfigurarían de manera profunda el esquema de derechos laborales vigente.
Al mismo tiempo, cuestionó el rumbo económico del Ejecutivo y apuntó contra lo que considera contradicciones en el discurso presidencial: “La promesa fue ir contra la casta, no contra los trabajadores. La promesa fue no emitir y está emitiendo bonos, está emitiendo deuda”. La crítica no solo busca deslegitimar la reforma, sino también erosionar la coherencia del relato oficial.
En el trasfondo, la escena exhibe una confrontación que escala en lo discursivo mientras las medidas concretas del sindicalismo —al menos por ahora— se limitan a un paro de 24 horas. El Gobierno avanza con su agenda reformista y la CGT responde con una huelga que paralizará el transporte, pero que no implica, de momento, un plan de lucha sostenido.
La tensión crece, las acusaciones se endurecen y el conflicto parece encaminarse a una pulseada más prolongada sobre el modelo laboral y el alcance del poder sindical en la nueva etapa política.

