El precio de los combustibles volvió a dispararse en marzo con subas cercanas al 20%, en un contexto internacional marcado por la tensión en Medio Oriente. Sin embargo, lejos de responder exclusivamente a factores externos, la mayor parte del incremento tiene origen en la carga impositiva definida a nivel nacional.
Aunque el barril de petróleo tipo Brent llegó a superar los 100 dólares durante el conflicto, en las últimas semanas retrocedió y se ubica nuevamente por debajo de ese umbral. A pesar de esa baja, los precios en los surtidores locales no acompañaron el descenso, dejando en evidencia una desconexión entre el mercado internacional y el valor que pagan los consumidores.
Actualmente, llenar un tanque promedio en Argentina ronda los $100.000, reflejando un fuerte deterioro del poder adquisitivo. En el último año, los combustibles acumulan subas muy por encima de la inflación general, consolidándose como uno de los rubros con mayor impacto en el bolsillo.
Uno de los datos más críticos es la composición del precio: cerca del 46,6% corresponde a impuestos. De ese total, más del 40% va directamente al Estado nacional, mientras que el resto se reparte entre provincias y municipios. En términos concretos, de un litro que cuesta $2.000, una porción significativa está explicada por tributos y no por el costo del producto en sí.

Esta estructura explica por qué los aumentos se trasladan con rapidez cuando sube el crudo, pero no ocurre lo mismo cuando baja: la presión fiscal actúa como un piso que impide cualquier alivio en los surtidores.
Además, el encarecimiento del combustible tiene un efecto en cadena. No solo impacta de forma directa en el índice de inflación —donde tiene un peso cercano al 3,8%—, sino que también eleva los costos logísticos y de transporte, trasladándose al precio final de bienes y servicios en toda la economía.
Desde el sector petrolero sostienen que los ajustes responden a mayores costos de refinación y al contexto internacional. No obstante, el esquema impositivo vigente aparece como un factor determinante que amplifica los incrementos y limita cualquier posibilidad de baja.
En este escenario, las decisiones del Gobierno nacional en materia de impuestos a los combustibles quedan en el centro de las críticas, al ser señaladas como responsables de profundizar el impacto de una suba que, en gran medida, podría haber sido menor.

