El costo de vida continúa en ascenso y profundiza la crisis en los hogares: en febrero de 2026, una familia tipo necesitó más de $2,2 millones mensuales para cubrir sus gastos básicos, en un contexto donde los salarios quedan muy por debajo de ese umbral.
El relevamiento elaborado por la junta interna de ATE en el INDEC estima que una familia compuesta por dos adultos y dos hijos requirió $2.274.000 para afrontar alimentación, vivienda, transporte, salud, educación y servicios esenciales.
Uno de los datos más preocupantes es el costo de crianza: mantener a un hijo superó los $620.000 mensuales, contemplando gastos básicos como alimentación, vestimenta, educación y atención médica.
El desglose muestra con claridad la presión sobre los hogares. Solo en alimentos se necesitaron más de $618.000 mensuales, mientras que la vivienda demandó alrededor de $534.000. A eso se suman transporte y esparcimiento, que en conjunto superaron los $550.000.
El problema central aparece al comparar estos valores con los ingresos reales: amplios sectores de trabajadores perciben salarios que no superan los $450.000, lo que evidencia una brecha crítica entre lo que se gana y lo que se necesita para vivir.
Esta distancia obliga a miles de familias a recortar consumos esenciales, deteriorando la calidad de vida. Alimentación, salud y educación empiezan a verse comprometidas, mientras desaparece cualquier posibilidad de ahorro o planificación.
A su vez, el contexto inflacionario —con subas cercanas al 3% mensual— sigue erosionando el poder adquisitivo. Aunque los aumentos de precios puedan parecer moderados en términos porcentuales, su acumulación impacta de lleno en los gastos cotidianos.
Especialistas advierten que esta dinámica no solo agrava la desigualdad, sino que instala un escenario de creciente vulnerabilidad: cada vez más hogares quedan expuestos ante cualquier imprevisto económico.
El panorama deja en evidencia un problema estructural: mientras los ingresos no logran recomponerse al ritmo del costo de vida, sostener condiciones básicas de bienestar se vuelve cada vez más difícil para una gran parte de la población.

