La industria gráfica atraviesa un marcado retroceso en la producción editorial, con indicadores que —según referentes del sector— ubican a la actividad en niveles comparables a hace más de dos décadas. En ese marco, trabajadores y organizaciones sindicales advierten sobre una fuerte caída en la impresión de libros, la capacidad productiva y el empleo.
Desde la Federación Gráfica Bonaerense señalaron que la actividad opera actualmente con una capacidad ociosa cercana al 60%, en un contexto de baja demanda y reducción de la intervención estatal como comprador de libros. Según datos del sector, la participación del Estado en las adquisiciones cayó de manera significativa en el último año, lo que impactó directamente en la cadena productiva.
En paralelo, en la apertura de la última edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires se expusieron cifras que reflejan una caída del 34% en la cantidad de ejemplares impresos, pese a un incremento en la cantidad de títulos publicados. Esto se explica por tiradas más pequeñas y una menor escala de producción por obra.
Desde el ámbito sindical sostienen que la comparación histórica muestra un retroceso sostenido: mientras en 2014 se alcanzaron picos cercanos a los 129 millones de ejemplares impresos, en la actualidad la cifra se ubica muy por debajo de esos niveles, con una producción que incluso sería inferior a la registrada hace más de 20 años.
En términos laborales, la actividad también registra una contracción del empleo, con una pérdida estimada de alrededor del 35% de trabajadores en el sector gráfico en los últimos años, según estimaciones gremiales.
Desde el sindicato vinculan esta situación con la caída del consumo interno y la menor circulación de ingresos en la economía. En esa línea, sostienen que la retracción del mercado editorial no puede analizarse de forma aislada, sino en relación con el nivel general de actividad y el poder adquisitivo de la población.
Asimismo, advierten que la reducción del consumo de libros refleja una tendencia más amplia de contracción del mercado cultural, donde la demanda depende en gran medida de la capacidad de gasto de los hogares y del rol del Estado como actor dinamizador.
En ese contexto, la industria gráfica enfrenta un escenario complejo, con menor producción, pérdida de empleo y una fuerte discusión sobre el modelo económico que condiciona la actividad editorial y cultural.

