El sistema de transporte público en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) atraviesa un marcado deterioro, reflejado en largas filas en las paradas, mayores tiempos de espera y unidades cada vez más saturadas.
En los últimos meses, la situación se profundizó con un recorte en la cantidad de colectivos en circulación y una reducción de frecuencias, mientras el precio del boleto continúa en alza. El valor mínimo ya supera los 700 pesos tras el último ajuste, acumulando un incremento superior al 1200% en los últimos años.
Las empresas del sector advierten que el escenario responde, en gran parte, a la falta de definiciones sobre cómo afrontar el aumento de los costos operativos, especialmente el del gasoil, y a una deuda estatal por compensaciones que supera los 128.000 millones de pesos.
Como consecuencia, el servicio se volvió más irregular: hay menos unidades disponibles, viajes más extensos y mayor congestión de pasajeros.
De acuerdo con un informe elaborado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, la cantidad de colectivos en circulación muestra una caída sostenida. Mientras en 2019 había más de 19.000 unidades activas, en la actualidad ese número se redujo de manera significativa, lo que evidencia un proceso de achicamiento del sistema.
Especialistas del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la misma casa de estudios señalaron que la falta de actualización en los ingresos del sector generó un desfasaje frente a los costos crecientes, lo que derivó en un deterioro progresivo del servicio. A esto se suma la complejidad del esquema de subsidios, que se reparte entre distintas jurisdicciones y genera dificultades en su implementación.
Ante este panorama, las empresas optaron primero por postergar la renovación de flota y luego por reducir la cantidad de unidades en funcionamiento. Esto implica colectivos más antiguos, con mayor probabilidad de fallas y menor rendimiento.
Además, conflictos gremiales y problemas salariales en algunas compañías también impactaron en la prestación del servicio, con interrupciones parciales en determinadas líneas.
El informe advierte que, de no implementarse medidas de fondo, la situación podría agravarse aún más. Con menos colectivos, tarifas en aumento y frecuencias reducidas, el transporte público del AMBA enfrenta un escenario crítico que repercute directamente en la vida cotidiana de millones de usuarios.

