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La naturaleza como antiestrés: cuánto y por qué funciona

La ciencia confirma lo que muchos intuían: pasar tiempo en la naturaleza mejora la salud física y mental. Investigaciones recientes destacan que solo dos horas por semana en entornos verdes son suficientes para reducir el estrés y aumentar el bienestar psicológico.

Un estudio publicado en Scientific Reports analizó a casi 20.000 personas en Inglaterra y halló que quienes pasaban al menos 120 minutos semanales en contacto con la naturaleza tenían más probabilidades de reportar buena salud y mayor bienestar que quienes no lo hacían. No es necesario mudarse a un bosque: caminatas cortas, almuerzos al aire libre o visitas a plazas y reservas urbanas pueden sumar ese tiempo.

Otra investigación japonesa, sobre el “shinrin-yoku” o baño de bosque, mostró que permanecer en un entorno forestal disminuye la frecuencia cardíaca, la presión arterial y los niveles de cortisol, mientras aumenta la actividad del sistema nervioso parasimpático, que ayuda a la recuperación del estrés.

Los beneficios no son solo físicos: un estudio de la Proceedings of the National Academy of Sciences comprobó que caminar 90 minutos en la naturaleza reduce la rumiación, ese patrón de pensamiento repetitivo asociado a la ansiedad y al malestar, y disminuye la actividad en regiones cerebrales vinculadas con esa forma de procesamiento mental.

En un contexto urbano hiperestimulante —con ruido, tránsito, pantallas y demandas constantes—, los entornos verdes ofrecen un tipo de estímulo más restaurador, ayudando a la mente y al cuerpo a salir del modo alerta y recuperar el equilibrio.

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