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Taty Almeida y la posta de la lucha: “Ustedes son quienes deben continuarla”

La histórica referente de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora dejó en abril un mensaje dirigido a las nuevas generaciones durante un homenaje en la UBA. Tras su muerte, sus palabras adquieren una dimensión especial y se transforman en un legado de memoria, verdad y justicia.

La muerte de Lidia “Taty” Almeida, una de las figuras más emblemáticas de la lucha por los derechos humanos en la Argentina, resignificó profundamente sus últimas apariciones públicas. A los 95 años, la integrante de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora dejó un mensaje cargado de memoria, compromiso y esperanza que hoy resuena como una despedida y, al mismo tiempo, como un llamado a continuar la lucha que marcó gran parte de su vida.

Su última intervención pública de gran relevancia tuvo lugar el pasado 17 de abril, cuando la Universidad de Buenos Aires (UBA) le otorgó el título de doctora honoris causa en la Facultad de Filosofía y Letras. La ceremonia reunió a estudiantes, docentes, referentes de organismos de derechos humanos y familiares que acompañaron a una de las mujeres que se convirtió en símbolo de la búsqueda de verdad y justicia tras el terrorismo de Estado.

Sentada en una silla de ruedas, pero con la lucidez, el humor y la firmeza que la caracterizaron durante décadas, Almeida aprovechó la ocasión para reflexionar sobre el presente del movimiento de derechos humanos y sobre la responsabilidad de las nuevas generaciones en la defensa de la memoria colectiva.

El paso del tiempo y el recambio generacional

Uno de los momentos más emotivos de su discurso llegó cuando hizo referencia al paso de los años y a la disminución de las históricas integrantes de los organismos que enfrentaron a la última dictadura militar.

“Quedamos tres Madres, nada más, y dos Abuelas”, expresó ante el auditorio, generando un silencio cargado de emoción entre los presentes.

Lejos de transmitir resignación, utilizó esa realidad para reafirmar la necesidad de que la lucha continúe más allá de quienes la iniciaron. Con la convicción que sostuvo durante casi medio siglo, les habló directamente a los jóvenes presentes y les recordó que el compromiso con la memoria, la verdad y la justicia no puede interrumpirse.

“Ustedes son los que van a continuar luchando por la memoria, por la verdad y por la justicia. Ya hemos pasado la posta a todas y todos ustedes. De a poquito, ¿eh? Porque a pesar de los bastones y las sillas de ruedas, las locas seguimos de pie”, afirmó, despertando una ovación.

La frase sintetizó uno de los ejes centrales de su trayectoria: la construcción de una memoria activa capaz de trascender a sus protagonistas y convertirse en una causa colectiva.

La reivindicación de la militancia

Durante la ceremonia, Almeida también recordó a su hijo Alejandro, secuestrado y desaparecido en junio de 1975 por la Triple A. Su búsqueda fue el camino que la transformó en una de las referentes más reconocidas del movimiento de derechos humanos.

Al evocarlo, volvió a reivindicar la militancia política de los jóvenes desaparecidos, una bandera que sostuvo durante décadas frente a los intentos de deslegitimar sus compromisos y convicciones.

“Alejandro tenía 20 años cuando lo detuvieron y lo desaparecieron. Estaba cursando primer año de Medicina, pero antes que nada era un militante político”, señaló.

Luego insistió en la necesidad de recuperar el valor positivo de la militancia como herramienta de transformación social.

“No hay que tenerle miedo a la palabra militancia. Militar es tener compromiso, ese compromiso que los 30.000 desaparecidos asumieron, ese compromiso que ya han tomado tantos jóvenes, y no tan jóvenes, que son nuestra esperanza”, expresó.

Sus palabras encontraron eco entre cientos de estudiantes que colmaron el auditorio y que la escucharon como una referencia histórica, pero también como una voz vigente en los debates del presente.

Un reconocimiento compartido

El doctorado honoris causa otorgado por la UBA fue el quinto que recibió a lo largo de su trayectoria. Sin embargo, fiel a su estilo, Almeida evitó personalizar el reconocimiento y lo convirtió en un homenaje colectivo.

Acompañada por hijos, nietos y bisnietos, sostuvo que la distinción pertenecía a todas las mujeres que integraron las Madres de Plaza de Mayo y que enfrentaron a la dictadura cuando reclamar por sus hijos significaba exponerse a la persecución y al aislamiento.

“Este reconocimiento es para las que están y para las que ya no están, pero que siempre van a seguir estando”, afirmó emocionada.

La ceremonia se desarrolló en un contexto atravesado por debates sobre el financiamiento universitario y el rol de las instituciones públicas. En ese escenario, la presencia de Almeida fue interpretada también como una reivindicación de la universidad como espacio de memoria, reflexión crítica y construcción democrática.

Un mensaje que hoy suena a despedida

Sobre el final de su intervención, Taty volvió a apelar al humor que nunca perdió pese a las tragedias que marcaron su vida.

“Yo espero seguir viviendo mientras hable de corrido. Y espero seguir hablando de corrido mucho tiempo más”, bromeó ante las risas y los aplausos del público.

Dos meses después, esa frase adquiere un significado diferente. Ya no aparece solo como una muestra de vitalidad, sino también como una de las últimas expresiones públicas de una mujer que dedicó casi cincuenta años a exigir justicia por los crímenes de la dictadura y a sostener la bandera de los derechos humanos.

Antes de concluir, dejó una reflexión que resume su recorrido personal, político y militante. Una frase repetida durante años en marchas, actos y encuentros, y que hoy se transforma en una suerte de testamento ético para quienes continúan esa tarea.

“Acuérdense lo que las Madres hemos dicho y hacemos: la única lucha que se pierde es la que se abandona”.

Tras su muerte, esas palabras resuenan con una fuerza renovada. Son el legado de una mujer que convirtió el dolor en lucha colectiva y que, hasta sus últimos días, insistió en que la memoria debía seguir viva en las nuevas generaciones.

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