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Ojo seco en invierno: crecen las consultas por el uso de calefacción

El invierno dejó de ser una estación “segura” para la salud ocular. Lejos de asociarse solo al verano y al uso del aire acondicionado, el síndrome de ojo seco muestra un aumento de consultas en los meses más fríos, impulsado por la combinación de bajas temperaturas, escasa humedad y ambientes calefaccionados.

Especialistas advierten que el principal problema no radica en un tipo específico de calefacción, sino en el aire seco que generan estos sistemas. Esta condición acelera la evaporación de la lágrima, sobre todo en espacios cerrados donde la ventilación es limitada, lo que agrava la sequedad ocular.

A este escenario se suma un factor clave de la vida cotidiana: el uso prolongado de pantallas. Jornadas laborales que superan las seis horas frente a computadoras o dispositivos móviles configuran un nuevo perfil de riesgo, con impacto directo en el rendimiento y el bienestar de los trabajadores.

Los grupos más expuestos incluyen a personas mayores, mujeres y quienes presentan ciertas condiciones de salud como rosácea, enfermedades tiroideas, asma, alergias o trastornos del sueño. También influyen el estrés, el descanso insuficiente y el consumo de medicamentos como antihistamínicos, antidepresivos o diuréticos.

Uno de los principales desafíos es la automedicación. Muchas personas recurren a colirios de venta libre sin diagnóstico preciso, confundiendo el ojo seco con alergias estacionales o fatiga visual. Aunque los síntomas pueden superponerse —enrojecimiento, irritación o sensación de sequedad—, una evaluación profesional resulta clave ante molestias persistentes.

En cuanto al tratamiento, la primera línea incluye lágrimas artificiales y medidas para preservar la película lagrimal. En casos más complejos, existen opciones como tapones lagrimales o terapias con suero autólogo.

Para prevenir el problema en el hogar o la oficina, los especialistas recomiendan mantener la humedad ambiental entre el 40% y el 60%, hacer pausas visuales frecuentes durante el uso de pantallas y evitar corrientes de aire directo sobre el rostro provenientes de sistemas de calefacción o ventilación.

Adoptar estos hábitos simples puede marcar la diferencia en una temporada donde el frío, aunque menos evidente, también impacta en la salud visual.

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