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“El suicidio tiene que ver en una gran parte con lo social”: la mirada de una especialista

En el marco del Mes de Prevención del Suicidio, la especialista Natalia Chamú analizó en Todo es Política las cifras nacionales, el impacto entre adolescentes y jóvenes y la necesidad de fortalecer los vínculos, los espacios de acompañamiento y las políticas públicas de salud mental.

Argentina registra una tasa de 11,8 suicidios cada 100 mil habitantes, una cifra que vuelve a poner el foco sobre la prevención y el abordaje de la salud mental. En el marco del Mes de Prevención del Suicidio, la especialista Natalia Chamú, psicóloga y responsable del Programa de Abordaje Integral de Conductas Autolesivas con Ideas Suicidas (ACAIS) de la subsecretaría de Salud Mental de Moreno, analizó en diálogo con Todo es Política la problemática y advirtió especialmente sobre la situación de los jóvenes de entre 14 y 25 años. Según explicó, el suicidio constituye actualmente la principal causa de muerte dentro de las causas externas para ese grupo etario.

Natalia Chamú.

Chamú remarcó que no existe una única explicación detrás de una conducta suicida y que, por el contrario, se trata de un fenómeno atravesado por múltiples dimensiones. En ese sentido, sostuvo que “Es una problemática que es multicausal, hay muchos factores que inciden a la hora de que una persona tome una decisión como esta” y agregó: “hay factores que van llevando y después hay algún factor que puede ser el desencadenante y que quizás ese es el que más resuena o el que más llama la atención, pero, detrás de eso hay un montón de otras cuestiones que no fueron visibles, que no se vieron, que no se tuvieron en cuenta”.

A esta complejidad se suma la dimensión de los intentos de suicidio. Desde 2023, se estableció la notificación obligatoria de estos episodios a través del Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino (SISA), por lo que la propia especialista señaló que existe un importante subregistro. De acuerdo con lo explicado durante la entrevista, “el año pasado más de 5.000 muertes fueron registradas y se estima que los intentos pueden ser entre 20 y 30 veces superiores a las muertes”.

En este escenario, la situación de los jóvenes ocupa un lugar central. Chamú vinculó el aumento de las dificultades en esa etapa de la vida con el ingreso al mundo laboral, la incertidumbre económica, las responsabilidades familiares y las expectativas sociales. Al analizar este contexto, advirtió que “todas estas cuestiones cada vez se ven más negras, el horizonte no es muy claro, se tiene la sensación que no hay posibilidades para todos”, una percepción que puede profundizar el aislamiento y la sensación de falta de alternativas.

A la vez, la especialista puso el foco en el lugar de los adultos y en las dificultades para acompañar a adolescentes y jóvenes. Según planteó, “Nos fuimos corriendo como adultos, y es ahí donde más tenemos que trabajar, donde más hay que reforzar, porque los jóvenes se fueron sintiendo cada vez más solos”.

En ese sentido, señaló que las largas jornadas laborales de los adultos, la permanencia de adolescentes solos en sus hogares y el uso permanente de dispositivos y redes sociales forman parte de un escenario que requiere nuevas estrategias de acompañamiento.

La dimensión social también aparece como un elemento central para comprender la problemática. Chamú explicó que, aunque el sufrimiento es experimentado individualmente, existen condiciones sociales que pueden profundizarlo y dificultar la búsqueda de ayuda. Por eso sostuvo que “el sufrimiento y el dolor lo vive y lo padece la persona, hay una cuestión que es individual, pero el suicidio tiene una gran parte que tiene que ver con lo social”. Desde esta perspectiva, “la prevención no puede quedar limitada al ámbito individual, sino que requiere intervenciones en las relaciones interpersonales, en la comunidad y también desde las políticas públicas”.

Las redes sociales y las nuevas tecnologías agregan otra dimensión al problema. Durante la entrevista, Chamú señaló que muchos jóvenes recurren actualmente a la inteligencia artificial para buscar respuestas frente a situaciones de angustia, en parte ante las dificultades para acceder a espacios de atención. En ese contexto, alertó que “El peligro es que justamente refuerza aún más esas ideas que uno tiene, y hace que se sienta más en soledad”.

A partir de allí, también cuestionó la lógica de inmediatez que atraviesa las nuevas formas de comunicación y de búsqueda de respuestas. “Buscar la salida rápida, ya, quiero saber qué hacer y que esto me resuelva rápido también, los tiempos son mucho más rápidos, todo tiene que ser más inmediato”, explicó y remarcó: “La vida no es así”.

Frente a este panorama, la prevención aparece como una responsabilidad que excede a los especialistas y a los espacios sanitarios. Chamú sostuvo que “La prevención a todos en algún punto nos corresponde y nos toca de alguna manera” y planteó la necesidad de visibilizar el suicidio como un problema de salud que requiere respuestas integrales. En esa línea, el objetivo del Mes de Prevención del Suicidio es instalar el debate, reducir los estigmas y fortalecer los espacios de escucha y acompañamiento.

La tasa nacional de 11,8 suicidios cada 100 mil habitantes, las más de 5.000 muertes registradas durante el último año y el impacto particular sobre los jóvenes de 14 a 25 años muestran la dimensión de una problemática que, como señaló la especialista, no puede explicarse por una sola causa. Su abordaje requiere prevención, escucha y políticas públicas capaces de intervenir antes de que una situación de sufrimiento se transforme en una crisis.

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