Mientras el Gobierno insiste en mostrar una desaceleración de la inflación, la realidad que enfrentan los trabajadores en las góndolas volvió a quedar en evidencia tras un polémico posteo de Felipe Núñez, asesor del equipo económico de Luis “Toto” Caputo. El funcionario aseguró en redes sociales que el kilo de asado se consigue a $11.000, una afirmación que fue rápidamente desmentida por consumidores y por datos oficiales del mercado.
La controversia se inició cuando Núñez respondió con tono burlón a un usuario que denunciaba el fuerte aumento del precio de la carne. “11 lucas sale el asado, 7,5 dólares… No se ve en ningún lado”, escribió en la red social X, evidenciando una mirada alejada de los precios que pagan a diario millones de familias.
La reacción fue inmediata: usuarios compartieron tickets y listas de precios actualizadas que muestran valores muy superiores. En un frigorífico, el asado completo se vende a $14.400 y la plancha de asado a $13.900, mientras que otros cortes básicos superan los $16.000 y hasta los $20.000. “Que avise dónde lo compra a $11.000”, ironizaron.
Pero no se trató solo de un cruce virtual. Un informe reciente del Instituto de Economía de la UADE (INECO) confirmó que el precio promedio del kilo de asado alcanza los $15.340, un 47% por encima del promedio histórico. Los números dejan en evidencia la distancia entre el discurso oficial y la economía real.

Esta desconexión se refleja también en el consumo: desde 1990, la ingesta de carne vacuna cayó un 42% y hoy ronda los 30 kilos por habitante al año. Con salarios que pierden poder adquisitivo, cada vez más hogares deben reemplazar el asado por alternativas más baratas: con el valor de un kilo de carne vacuna, hoy se compran hasta cuatro kilos de pollo.
El episodio expuso una vez más la falta de sintonía del Gobierno con la vida cotidiana de los trabajadores, para quienes el asado dejó de ser un símbolo cultural y se convirtió en un lujo cada vez más lejano.

