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La Argentina que no fue….

La semana pasada ocurrieron dos hechos emblemáticos que marcan la Argentina de Milei, la aprobación en diputados de la Reforma Laboral, que vuelve al Senado y el cierre de la fábrica de neumáticos Fate.

Por Rubén Magliotti

En estos días las quiebras de empresas se suceden a ritmo de vértigo. Suman decenas de miles en los últimos dos años; según Fundar, exactamente 21.938. Pero, aunque todos son lamentables, algunos representan más que meras noticias económicas. El cierre de FATE (Fábrica Argentina de Telas Engomadas, luego convertida en productora de neumáticos y pionera de la electrónica nacional) es el epílogo de una larga historia y un símbolo de los embates contra un proyecto de país.

La historia de FATE

En 1912 llega a la Argentina Leiser Madanes proveniente de Polonia, trabaja como vendedor ambulante y al cabo de algunos años logra instalarse en el barrio del Once con un pequeño negocio de venta de “capotines”, impermeables de hule para la lluvia.

Pronto comenzó a diversificarse hacia otros derivados del caucho, hasta que llegó la Segunda Guerra Mundial y el caucho se convirtió en un material estratégico que empezó a escasear. Comenzó a procesarlo industrialmente, y en 1940 funda FATE Neumáticos. (Fábrica Argentina de Telas Engomadas).

La política de sustitución de productos importados comenzó en la década del 30, pero alcanzó su esplendor durante los años del peronismo. En los planes quinquenales se fundaban las empresas estratégicas para un país con independencia y autonomía.

Plan quinquenal – Industria Pesada – Industria automotriz

En 1946 se constituye Gas del Estado, Combustibles Sólidos y Minerales, Centrales Eléctricas del Estado, Combustibles Vegetales y Derivados.

Durante 1947 se fusionaron Centrales Eléctricas del Estado y fueron, reemplazando la energía termoeléctrica por la hidráulica, para ello se construyeron diques con sus respectivas centrales hidroeléctricas como el Escaba en Tucumán, el Nihuil en Mendoza, Los Quiroga en Santiago del Estero y seis diques con usinas en Córdoba, seis en Catamarca, cuatro en Río Negro y tres en Mendoza, usinas térmicas en Mar del Plata, Mendoza, Río Negro y Tucumán. En 1943 Argentina tenía una potencia instalada en centrales de 45.000 kilovatios pasando en 1952 a producir 350.000 kilovatios.

Se nacionalizaron empresas de servicios públicos, se realizó una fuerte inversión en la obra pública, viviendas, hospitales, escuelas, universidades, etc. Creación del IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) para controlar el comercio exterior.

En síntesis, el modelo del justicialismo se encontraba basado en la justicia social, la independencia económica y la soberanía política, las tres banderas del peronismo.

En ese marco. FATE comenzó la producción en pequeña escala de neumáticos y cámaras para automóviles y camiones, su expansión el permitió en 1956 concretar un acuerdo de asistencia tecnológica con la compañía estadounidense General Tire, uno de los fabricantes de neumáticos más destacados del mundo (luego adquirida por la firma alemana Continental AG).

En 1969, FATE produjo en la Argentina el primer neumático radial para automóviles, y se convierte en el primer proveedor de estos neumáticos para Equipo Original. Se crea la División de Investigación y Desarrollo. El nivel de producción llega a 852.000 unidades. ​ En 1981 FATE fabricó el primer neumático radial con cintura de acero de la Argentina.

FATE Electrónica

El ingeniero Roberto Zubieta, que dirigía un laboratorio de semiconductores en la Facultad de Ingeniería de la UBA, articuló el equipo que haría historia. A través de Carlos Varsavsky, la gente de FATE lo contactó con la idea de diseñar y fabricar en el país una calculadora electrónica de punta, usando lo más avanzado de la tecnología disponible.

“Así nació Cifra 311, tenía 150 circuitos integrados de tercera generación, y era tan buena que puso en tela de juicio la existencia de Olivetti en el mercado argentino: la superaba tecnológicamente”.

En 1975, FATE Electrónica —sin contar Aluar ni la división de neumáticos— tenía 860 empleados. Era una empresa enorme desde cualquier punto de vista, pero especialmente si se la mide en el contexto de la industria tecnológica latinoamericana de la época.

“Todo esto se hizo en un entorno político-económico en que el Estado nos ayudaba, permitiéndonos importar los componentes necesarios que no se fabricaban en el país con aranceles muy bajos, pero con el compromiso de FATE Electrónica de integrar cada vez más” –recuerda Díaz, ex operario, gerente y estudioso del caso FATE–.

Como señala Díaz, el mismo golpe de Estado que expulsó a los científicos de las aulas, en un rasgo de nacionalismo, permitió el desarrollo tecnológico de la industria. Pero el mismo mecanismo que habilitó el crecimiento fue también el instrumento de su destrucción.

En 1976, con el golpe de Estado encabezado por Jorge Rafael Videla y la llegada de José Alfredo Martínez de Hoz al Ministerio de Economía, un nuevo esquema arancelario estableció que importar los componentes electrónicos costaría más que importar el producto terminado. De un día para otro, resultaba más barato traer una calculadora completa desde Japón que fabricar una en Argentina. “Todo eso se canceló cuando vino el señor Martínez de Hoz, que impuso aranceles sobre los componentes mayores que los que se aplicaban al producto terminado y la producción japonesa hizo inviable la existencia de FATE Electrónica”, cuenta Díaz

Antes de que la electrónica colapsara, FATE había dado otro paso en su diversificación. A partir del asesoramiento de investigadores de la facultad de Ciencias Exactas, la empresa había explorado la posibilidad de producir aluminio a partir de tierras de Misiones. Era una ilusión técnicamente costosa. Pero la Fuerza Aérea tenía un proyecto propio de producción de aluminio y Manuel Madanes decidió asociarse. De esa alianza improbable nació Aluar, la única empresa productora de aluminio primario de la Argentina y una de las más importantes de Sudamérica. Con el tiempo, ese terminó siendo el principal negocio del grupo.

“Podríamos decir que FATE tiene tres historias: sus inicios como fábrica argentina de telas engomadas, la producción de neumáticos, la electrónica, y la productora de aluminio”, resume Díaz. En 2015, FATE fabricaba anualmente más de 15 millones de neumáticos para automóviles, camionetas, camiones, ómnibus, tractores y maquinaria vial. Tras la muerte de Manuel Madanes, el liderazgo de la empresa pasó por una serie de conflictos sucesorios hasta recaer en Javier, nieto de Leiser, que Elio Díaz describe como un hábil empresario, pero sin el espíritu de su abuelo.

La desaparición de FATE, que como vimos, resistió las políticas neoliberales de la dictadura, del menemismo y de Macri, no pudo con la de Milei. Sin políticas que permitan aprovechar el conocimiento y el talento de nuestros científicos, su traducción en industria, en exportaciones, en empleo calificado, en soberanía.

Su cierre es el epílogo lamentable de una historia que llegó a mostrar que con políticas públicas adecuadas y talento científico es posible competir en la primera línea de la tecnología.

El modelo de Milei

El industricideo es un hecho, según FUNDAR ya se perdieron más de 20.000 empresas en la era Milei

Datos de Fundar https://fund.ar/

La evolución del desarrollo de las empresas a lo largo del tiempo, acompaña calcadamente a las políticas públicas de cuidado y protección, de la mano del aumento del empleo, del crecimiento del país y de su desendeudamiento

Fuente Fundar

El periodo de mayor desarrollo fue durante los años 2004 al 2015, se crearon más de 230 mil empresas. Luego viene un retroceso del 2015 al 2019 (Macri) con 25.000 empresas menos. La pandemia hizo cerrar a unas 22.000 empresas, pero hubo una recuperación equivalente al final del mandato de Alberto Fernández.

Hoy según esta fuente el cierre de empresas supera a las del período de pandemia, donde la actividad económica se paralizó en todo el mundo.

El modelo que elogia Milei es el que se impuso en Perú y Paraguay, estabilidad en la macroeconomía e informalidad en la micro.

“Uno de los secretos del ‘triunfo’ del sol sobre el dólar en la operatoria del sistema financiero peruano reside en la convergencia entre las tasas de interés en moneda local y en moneda extranjera, un fenómeno asociado a la solvencia fiscal del país, una inflación que tiende a ser inferior a la de Estados Unidos y también por el diferente tratamiento de soles y dólares en la política de encajes”, escribió Jorge Vasconcelos, de la Mediterránea, en un artículo reciente.

Esa estabilidad le permitió al país recibir un boom de inversiones para la minería de cobre y, en menor medida, para el agro. Así y todo, el 60% de su PBI está compuesto por el sector servicios y la informalidad laboral orilla el 70%.

En Paraguay, el boom agroexportador se desarrolló gracias a bajísimos impuestos que favorecieron la inversión en los sectores transables. Paraguay crece a tasas sostenidas, pero con una informalidad laboral crónica que roza el 60% y no baja, a pesar de los fuertes incentivos con los que el Estado intenta blanquear empleo a costo casi nulo.

En la mirada libertaria, Argentina debe crecer a partir del agro, la minería y la energía. Los trabajadores de los sectores ineficientes se reacomodarán en otros más demandantes de empleo, como el sector servicios. Eso, que en los libros de Federico Sturzenegger debería suceder, en la práctica supone pasar de empleos asalariados estables a otros peor remunerados, informales y no registrables.

La reforma laboral, a punto de convertirse en ley, cristaliza esta posición, reduce el costo laboral, promueve la inestabilidad, la flexibilización, el monotributismo, y la pérdida de la seguridad social, en 20 años veremos las calles de personas adultas sin jubilación, sin vivienda y sin cobertura médica.Argentina se remata, será consumidora de bienes extranjeros para aquellos privilegiados que se encuentren dentro de los 5 millones bendecidos por el modelo, el resto ¡AFUERA!, como lo predijo Milei

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