Durante todo este fin de semana, la Argentina se detuvo ante una noticia que, aunque temida por el avance del tiempo, no deja de sacudir los cimientos de su cultura: a los 77 años, ha muerto el Indio Solari.
Por Rubén Magliotti

En 1974 siendo presidente de la Nación el general Juan Domingo Perón, a la hora en que en las redacciones de los principales diarios se discutía cual sería la portada del periódico del día siguiente, a Rodolfo Walsh se le ocurrió que el título principal del diario Noticias, que expresaba las ideas de la izquierda peronista, debía ser sencillamente “Dolor”. Hoy podríamos pensar que, en estos días posteriores al fallecimiento del Indio Solari, el pueblo refleja ese mismo sentimiento “Dolor”
“El lujo es vulgaridad.”
La partida de Solari no es solo la muerte de un cantante; es la desaparición de quien fue calificado como el “arquitecto del mayor misterio del rock nacional”. A pesar de haberse alejado de los escenarios en 2017 debido al Parkinson -su “misterioso” Parkeluar-, su figura nunca dejó de ser el epicentro de un fervor popular multitudinario y diverso. Incluso aquellos sectores mediáticos y políticos a los que el Indio despreció o con los que mantuvo disputas públicas, hoy se rinden ante una sensación de respeto real producida por la magnitud de su obra y su impacto en las masas.
“Vivir sólo cuesta vida.”
La trayectoria de Solari es la crónica de una “odisea que fue de la nada al todo”. Surgido de la escena universitaria y la militancia platense, formó parte de una contracultura que se negaba a cantar loas al “sol de la democracia” durante el optimismo alfonsinista de los años 80. Mientras la sociedad celebraba en modo pop, el Indio, junto a figuras como Luca Prodan o Fito Páez de “Ciudad de pobres corazones“, prefería mostrar “la vereda de las sombras” a través de letras revulsivas como “Vencedores vencidos” o “Leyendo diarios en un baño turco”.
“Todo preso es político”
Con el tiempo, esa contracultura se transformó en una cultura de masas de la cual Solari retendría siempre el “copyright” simbólico. Su estética, influenciada por los años 60 y plasmada gráficamente por Rocambole con una lógica casi soviética en discos como *Oktubre*, construyó un lenguaje propio que las multitudes corearon en estadios de fútbol, metabolizando ideas contraculturales en rituales colectivos.
“El futuro llegó hace rato.”
El Indio cultivó un proyecto cultural al margen de la industria discográfica para mantener su independencia artística absoluta, evitar la censura, y escapar de las lógicas comerciales y de la explotación que imponían las multinacionales. Este modelo de autogestión popular le permitió controlar cada detalle de su obra sin intermediarios.
El indio siempre vio al sistema corporativo y mediático de promoción como una herramienta de disciplinamiento social (ejemplificado en canciones como “Divina TV Führer”).
“Yo ya no puedo cumplir, hazañas que prometí”
Paradójicamente, sus principales detractores suelen rendir culto a la meritocracia, según la cual el esfuerzo, el talento y la capacidad individual deberían ser suficientes para alcanzar los logros personales o el ascenso social. Sin embargo, esa ha sido precisamente una de las marcas registradas del indio desde sus orígenes. Lo que realmente no le perdonaron es su rebeldía contracultural antisistema.
“Cuando la noche es más oscura, se viene el día en tu corazón”
En sus últimos años, Solari no rehuyó a la confrontación política, posicionándose críticamente frente a gobiernos como los de Mauricio Macri y Javier Milei, asumiendo un rol de líder para un sector de la sociedad que buscaba referentes claros.
“Violencia es mentir.”
Durante todo el fin de semana las calles se llenaron de ese “dolor extendido y masivo”, queda el eco de sus propias palabras: “Quédate a disfrutar que juntos somos un montón”. El artista que transitó de los lugares más pequeños a llenar estadios ha pasado a la inmortalidad, dejando a una Argentina que hoy, más que nunca, se reconoce en sus sombras y en su mística.
Gracias por siempre, Indio.

