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Autocuidado: por qué aprender a decir “no” también mejora la salud

En el marco del Día Mundial del Autocuidado, especialistas destacan la importancia de incorporar hábitos cotidianos que, aunque simples, pueden tener un impacto significativo en la salud física, emocional y mental, además de contribuir a reducir costos en los sistemas sanitarios.

El autocuidado físico es uno de los pilares fundamentales del bienestar integral. Mantener una alimentación equilibrada, con mayor presencia de frutas y verduras, una adecuada hidratación y menor consumo de alimentos ultraprocesados, permite fortalecer el organismo sin necesidad de recurrir a dietas extremas.

El movimiento diario también cumple un rol clave. No es necesario realizar actividades intensas: caminar, elegir las escaleras o realizar pausas activas durante la jornada laboral son acciones accesibles que mejoran tanto la condición física como el estado de ánimo.

El descanso, por su parte, es otro factor esencial. Respetar las horas de sueño, evitar el uso de pantallas antes de dormir y generar un ambiente propicio para el descanso favorecen la recuperación del cuerpo y ayudan a regular la energía diaria.

“Cuidarnos es una forma de prevención. Nos permite evitar enfermedades, reducir el estrés y mejorar nuestra calidad de vida”, señaló Ailín Catalá, jefa de comunicación institucional de Ospedyc, quien remarcó que estas prácticas representan una inversión a largo plazo en la salud.

Según datos de la Asociación Latinoamericana de Autocuidado Responsable (ILAR), el 57% de la población adulta de la región presenta sobrepeso y el 19% obesidad, condiciones que incrementan el riesgo de enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y afecciones cardiovasculares.

En este sentido, el autocuidado emocional adquiere una relevancia creciente. Reconocer las propias emociones, establecer límites, aprender a decir “no” y tomarse pausas para descansar son herramientas fundamentales para preservar el bienestar mental.

Además, estimular la mente a través de la lectura, el aprendizaje o ejercicios cognitivos ayuda a mantener activas las funciones mentales, mientras que reducir la sobreexposición a la información contribuye a disminuir el estrés.

Lejos de requerir grandes cambios, el autocuidado comienza con pequeñas decisiones sostenidas en el tiempo. Beber un vaso de agua al despertar, caminar unos minutos al día o desconectarse del celular antes de dormir son hábitos que pueden marcar una diferencia.

A estas acciones se suman otras prácticas clave para la prevención, como usar el cinturón de seguridad, evitar el consumo de tabaco, moderar el alcohol, mantener una buena higiene dental y realizar controles médicos periódicos.

Los especialistas coinciden en que adoptar estos hábitos no solo mejora la calidad de vida en el presente, sino que también reduce el riesgo de enfermedades a futuro. “No hay mejor momento para empezar que hoy”, concluyen.

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