La desaceleración de los precios volvió a mostrar señales de agotamiento. La inflación en la Ciudad de Buenos Aires alcanzó el 2,9% en julio, un punto por encima del registro de junio (1,8%), y acumuló 19,4% en los primeros siete meses del año, según informó el Instituto de Estadística y Censos porteño (IDECBA).
El dato representa un freno a la baja que venía mostrando el índice desde abril y vuelve a encender las alarmas sobre el impacto que la política económica tiene en el poder adquisitivo de los hogares, especialmente en un contexto de salarios y jubilaciones que continúan perdiendo capacidad de compra frente al aumento del costo de vida.
El mayor impacto volvió a sentirse en rubros de fuerte incidencia sobre el consumo cotidiano. Restaurantes y hoteles lideró las subas con un 5,3%, impulsado por el aumento de los alojamientos durante las vacaciones de invierno y por las alzas en bares y casas de comidas. También crecieron con fuerza Recreación y cultura (5,8%), Transporte, Vivienda, Alimentos y bebidas y los servicios públicos.
El informe del IDECBA muestra además una diferencia cada vez más marcada entre bienes y servicios. Mientras los bienes aumentaron 1,4%, los servicios treparon 3,8% en un solo mes, reflejando el peso que siguen teniendo las actualizaciones tarifarias, la medicina prepaga y los costos asociados a la educación.
Los precios regulados avanzaron 3%, impulsados por nuevos incrementos en las tarifas de electricidad, las cuotas de la medicina prepaga y los aranceles de los establecimientos educativos. En paralelo, los precios estacionales se dispararon 10,9%, producto del encarecimiento de hoteles, paquetes turísticos y pasajes aéreos durante el receso invernal.
Si bien parte de la aceleración se explica por factores estacionales, el dato también anticipa un escenario menos favorable para la inflación nacional, cuyo índice será difundido por el INDEC la próxima semana. Las consultoras privadas ya proyectan un registro superior al de junio.
El nuevo aumento de los precios llega en un contexto de fuerte ajuste económico, caída del consumo y pérdida del poder de compra de amplios sectores de la población. Aunque el Gobierno sostiene que la inflación se encuentra en un proceso de estabilización, la aceleración registrada en julio refleja que el costo de vida continúa ejerciendo una fuerte presión sobre los ingresos de trabajadores, jubilados y familias argentinas.

