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Lectura desde la primera infancia: por qué compartir libros ayuda al desarrollo del lenguaje y el aprendizaje


Especialistas del Hospital de Clínicas de la UBA destacan que incorporar la lectura a la rutina familiar desde los primeros años favorece el vocabulario, la memoria, la atención y la comprensión. También advierten sobre la importancia de detectar tempranamente posibles dificultades en el desarrollo del lenguaje.

La lectura compartida desde los primeros años de vida cumple un papel fundamental en el desarrollo del lenguaje y las habilidades cognitivas de los niños. Además de estimular la imaginación y la comunicación, este hábito contribuye a desarrollar capacidades que serán importantes durante toda la trayectoria escolar.

Así lo explicó Patricia Villalba, coordinadora del sector Lenguaje y Comunicación del Hospital de Clínicas de la UBA, quien advirtió sobre las dificultades de comunicación que se observan en algunos niños pequeños, especialmente al momento de mirar, señalar o expresar pedidos.

La especialista señaló que, en determinados casos, estas dificultades pueden estar relacionadas con la exposición temprana y prolongada a las pantallas, en detrimento del juego y la interacción familiar. También destacó que muchas familias tienen intención de estimular la lectura, pero no siempre cuentan con herramientas para hacerlo.

En ese sentido, Villalba sostuvo que compartir libros desde la infancia permite desarrollar el vocabulario, la memoria, la atención y la comprensión. Estas habilidades resultan fundamentales para enfrentar textos cada vez más complejos durante la escolaridad y facilitan los procesos de aprendizaje.

La profesional también alertó que las dificultades de comprensión pueden hacerse más visibles a partir de los ocho años, cuando los estudiantes deben trabajar con textos más extensos. La falta de herramientas para retener y procesar información puede generar frustración, dificultades escolares y afectar la autoestima.
Cómo incorporar la lectura a la rutina familiar
Para estimular el hábito, la especialista recomienda elegir momentos en los que los chicos no tengan hambre ni sueño, de manera que puedan disfrutar de la actividad. Mirar ilustraciones, nombrar objetos, señalar personajes y conversar sobre las historias son algunas de las prácticas que ayudan a fortalecer la comunicación.

No es necesario que los niños sepan leer: el acompañamiento de los adultos y la interacción durante la lectura son parte central del proceso.
Señales de alerta en el desarrollo del lenguaje
Villalba también destacó la importancia de reconocer posibles dificultades en la comunicación para realizar consultas profesionales a tiempo.

Entre las señales a observar, mencionó:

  • A partir de los 18 meses: falta de contacto visual, ausencia del gesto de señalar para pedir, escasa intención comunicativa, falta de respuesta al nombre o poco uso de palabras frecuentes.
  • A partir de los 30 meses: dificultades para comprender órdenes sencillas, ausencia de combinación de palabras para formar frases o problemas importantes para hacerse entender.
  • A partir de los 4 años: dificultades para comprender consignas, responder preguntas, organizar relatos, construir frases complejas o participar de conversaciones.
    La detección temprana permite evaluar cada situación y determinar si el niño necesita acompañamiento profesional.

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