Fernando Sabore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la provincia de Buenos Aires (FABA), describió las dificultades de las familias para llegar a fin de mes, el avance del endeudamiento y los cambios en los hábitos de compra. “La gente compra lo justo y necesario, no tiene más plata en el bolsillo”, sostuvo.
La pérdida del poder adquisitivo impacta cada vez más en el consumo de los hogares. Desde los comercios de cercanía, Fernando Sabore, vicepresidente de FABA, advirtió sobre el deterioro de la situación económica y respondió a los dichos del presidente Javier Milei, quien cuestionó cómo hacen las familias para vivir cuando se quedan sin dinero antes de terminar el mes.
“Cuando llega el 20, uno ve el cambio de hábito de compra de la gente. Tal vez entró Doña Rosa y compró el paquete de fideos, el puré de tomate, un quesito rallado, gastó $3.500 y se fue. O sea, no tiene más plata en el bolsillo”, explicó Sabore, quien sintetizó el escenario con una frase: “El 20 es fin de mes”.
Según detalló, los gastos fijos absorben una parte importante de los ingresos. “La luz, el gas, internet, el alquiler, la prepaga, el pasaje de colectivo, el combustible. Todos coinciden en que eso representa un 40% del sueldo. Entonces, solo te queda el 60% para vivir”, señaló.
A esto se suma el incremento de los precios y el atraso salarial. Como ejemplo, mencionó el costo de la garrafa, que pasó de $20.000 en diciembre a $37.000 en la actualidad. “La inflación, aunque sea pequeña, igual va destrozando el sueldo de los argentinos”, advirtió.
El regreso del fiado y las familias endeudadas
Sabore también alertó sobre el crecimiento de las compras financiadas con tarjeta de crédito y cuestionó las promociones de las grandes cadenas de supermercados. “Evidentemente, ha quedado demasiada gente prisionera de ese formato, que es malísimo”, afirmó, en referencia a las cuotas que permiten postergar los pagos, pero comprometen los ingresos de los meses siguientes.
En los almacenes de barrio, en tanto, volvió a cobrar protagonismo el tradicional cuaderno del fiado. Aunque los comerciantes no cuentan con el respaldo económico de otras épocas, el vínculo con los vecinos los lleva a sostener esa práctica.
“Si viene un cliente y te dice: ‘Mirá, Chiche, me faltan cuatro días para cobrar’, o una señora jubilada te pregunta: ‘¿Te puedo anotar unas cosas?’, ¿cómo le vamos a decir que no, si ese cliente es el que nos da de comer todo el año?”, expresó.
Con respecto al fiado, advirtió: “Yo le doy un fiado de $200.000 a un señor o a una señora jubilada que indignamente cobra $400.000. Lo más probable es que no me lo pague, pero no porque no me lo quiera pagar, sino porque no me lo va a poder pagar”.

