El aumento de los servicios públicos, la caída en el pago de las cuotas sociales y la reducción del apoyo estatal complican el funcionamiento de las instituciones deportivas. Aunque crece la demanda de familias que buscan alternativas más económicas, muchas entidades deben suspender obras, ampliar las becas y sostenerse con rifas y trabajo voluntario.
Los clubes de barrio atraviesan una situación económica cada vez más compleja. El incremento de las tarifas de luz, gas y agua, junto con las dificultades de las familias para pagar las cuotas sociales y la reducción de los recursos estatales, pone en riesgo el funcionamiento cotidiano de numerosas instituciones deportivas y sociales.
La problemática afecta tanto a clubes históricos como a entidades más pequeñas, que deben destinar gran parte de sus ingresos al mantenimiento de las instalaciones y al pago de los servicios, dejando de lado proyectos de infraestructura y mejoras.
Marcela Juárez, secretaria del Club Social y Sportivo Parque, de Villa del Parque, describió las dificultades que enfrentan: “Al igual que la mayoría de los clubes de barrio, estamos ante una situación que exige un esfuerzo permanente para sostener su funcionamiento. El valor de las tarifas de los servicios públicos, sumado al aumento de los costos de mantenimiento, insumos y funcionamiento general, hace que todo se haga muy cuesta arriba”.
En la misma línea, Sergio Pérez Barrera, coordinador de fútbol y secretario de Sportivo Devoto, explicó que la situación obligó a frenar distintas obras: “Nos recortamos en infraestructura, pintura y todo lo que tiene que ver con el crecimiento. Al mantenimiento grande lo tenemos pausado y estamos solamente atacando lo urgente con financiamiento propio. De hecho, a veces nosotros mismos ponemos la plata”.
El dirigente también advirtió que los ingresos se consumen en los gastos básicos: “El presupuesto que tenemos va destinado todo al gasto de mantenimiento y al pago de las facturas”. A eso se suma una mayor dificultad para cobrar las cuotas sociales, incluso entre familias que anteriormente podían cumplir con los pagos.
“Hay familias que dejan pasar un par de meses y después pagan todo junto. Muchos van juntando y luego abonan con algún trabajito extra”, contó.
Más familias necesitan becas para sostener las actividades
Uno de los efectos más visibles de la crisis es la dificultad de los hogares para afrontar las cuotas deportivas de niños y adolescentes. Aunque los clubes reciben a más familias que buscan alternativas frente al encarecimiento de las actividades privadas, la capacidad de pago de los socios disminuye.
Gabriel Santagata, presidente del Club Deportivo Giuffra, señaló que tuvieron que ampliar las becas para evitar que los chicos abandonen las actividades.
“Aumentó mucho la dificultad que tienen los papás y las mamás para pagar la cuota, así que decidimos incrementar la cantidad de becas. Nos vamos acercando a que casi la mitad de las personas que asisten a nuestro club no están en condiciones de pagar una cuota mínima”, explicó.
Ante la falta de recursos, las instituciones apelan a distintas estrategias para sostener sus actividades. “Vivimos una etapa similar a como eran los clubes hace 50 años. Estamos permanentemente haciendo lotería familiar, rifas y torneos solidarios para subsistir”, agregó Santagata.
Más del 90% de los clubes no registra mejoras económicas
La situación también quedó reflejada en una encuesta de la Unión Nacional de Clubes de Barrio (UNCB), realizada sobre 374 establecimientos deportivos de todo el país.
Según el relevamiento, el 49,5% de las instituciones aseguró que su situación económica empeoró significativamente respecto del año anterior, mientras que el 41,7% afirmó que continúa igual de compleja. En conjunto, más del 91% no registra mejoras en sus balances económicos.
Entre los principales problemas aparecen los costos fijos de funcionamiento, especialmente las facturas de electricidad, gas y agua. En distintas instituciones, el servicio eléctrico llegó a duplicar su costo en apenas doce meses.
A este escenario se suma la reducción del financiamiento estatal destinado a subsidios y programas deportivos, mientras que los dirigentes advierten sobre las dificultades burocráticas para acceder a beneficios tarifarios y herramientas de asistencia.
Rifas, donaciones y trabajo voluntario para seguir abiertos
Frente a la falta de recursos, las comisiones directivas recurren cada vez más al esfuerzo de vecinos, comerciantes y familias para evitar el cierre de actividades.
Las rifas, los torneos solidarios, las donaciones y el trabajo voluntario se convirtieron en herramientas fundamentales para afrontar los gastos cotidianos. También se multiplican las iniciativas comunitarias para compartir indumentaria y botines, y garantizar que los chicos puedan continuar entrenando.
En el conurbano bonaerense y la Ciudad de Buenos Aires, muchas instituciones comenzaron a reducir horarios de iluminación y a postergar mejoras edilicias para priorizar los servicios esenciales.
Así, los clubes de barrio enfrentan una paradoja: mientras crece la necesidad de contar con espacios accesibles de recreación, deporte y contención social, cada vez tienen menos recursos para sostenerlos.
Más allá de las actividades deportivas, estas instituciones cumplen un papel fundamental en la vida comunitaria: son espacios de encuentro, integración y acompañamiento para miles de familias. Su deterioro económico no solo compromete el funcionamiento de las entidades, sino también una red social que resulta indispensable en los barrios.

