El ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Pablo Quirno, protagonizó una escena que dejó al desnudo la doble moral del Gobierno nacional. Tras sufrir una fractura en la mano mientras jugaba al fútbol, el funcionario ironizó en televisión sobre la posibilidad de que le redujeran el salario en el marco de la nueva reforma laboral.
“Gracias a Dios fue antes de la promulgación de la ley”, respondió entre risas al ser consultado sobre si le correspondería una quita del 50% del sueldo, en alusión a uno de los artículos de la Ley de Modernización Laboral que habilita recortes salariales cuando la lesión proviene de una actividad voluntaria considerada riesgosa.
El comentario, lejos de ser una simple broma, expuso el contraste entre el discurso oficial y el impacto real de la norma. La reforma impulsada por el presidente Javier Milei modifica el esquema que garantizaba el pago íntegro del salario ante accidentes o enfermedades con certificación médica. Con el nuevo marco, el trabajador podría cobrar apenas el 50% de su sueldo en determinadas circunstancias, e incluso menos en otros supuestos.
Mientras miles de empleados del sector privado miran con preocupación la pérdida de derechos y la reducción de ingresos en un contexto de inflación y recesión, un alto funcionario del Gobierno eligió el sarcasmo para referirse a la medida.
El episodio fue interpretado por distintos sectores como una muestra de insensibilidad y desconexión con la realidad social. En momentos en que crece el malestar por despidos, cierres de empresas y caída del poder adquisitivo, el chiste del canciller no pasó inadvertido y volvió a encender el debate sobre el alcance y la equidad de la reforma laboral.

