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Dolor de garganta: cuándo es un simple resfrío, cuándo puede ser una bacteria y qué señales no hay que ignorar

Con la llegada del frío aumentan los casos de dolor de garganta, aunque no siempre se trata de una infección grave. Especialistas advierten que distinguir entre un cuadro viral, bacteriano o una simple irritación por el ambiente es clave para evitar complicaciones y también el uso innecesario de antibióticos.

La médica otorrinolaringóloga Ana Cofre explicó que la mayoría de los casos están vinculados a infecciones virales asociadas al resfrío o la gripe, que suelen presentarse con congestión, tos, mucosidad y febrícula. En cambio, cuando aparece fiebre alta, dolor intenso al tragar, ganglios inflamados o placas blancas en las amígdalas, puede tratarse de una infección bacteriana por estreptococo.

La especialista también alertó sobre señales que requieren atención médica urgente, como una amígdala mucho más inflamada que la otra, dolor que se irradia al oído o dificultad para respirar, síntomas compatibles con un posible absceso periamigdalino.

Además, remarcó que no todo dolor de garganta implica una infección: el aire seco, la calefacción, el cigarrillo, el reflujo o forzar la voz también pueden irritar la zona sin necesidad de antibióticos.

“El antibiótico por las dudas es un error frecuente”, sostuvo Cofre, y recordó que la mayoría de las infecciones son virales, por lo que esos medicamentos no solo no ayudan sino que favorecen la resistencia bacteriana.

Para aliviar los síntomas leves, los especialistas recomiendan hidratación, reposo, analgésicos, miel, gárgaras con agua tibia y sal y evitar temperaturas extremas en bebidas y comidas.

Las señales de alarma para consultar al médico incluyen:

  • Fiebre alta durante más de tres días.
  • Dolor intenso que no mejora.
  • Dificultad para tragar o respirar.
  • Inflamación desigual de las amígdalas.
  • Síntomas que duran más de una semana.

Detectar a tiempo el origen del dolor de garganta puede evitar complicaciones y tratamientos innecesarios. Automedicarse, especialmente con antibióticos, sigue siendo uno de los errores más comunes y peligrosos.

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