La aerolínea low cost Flybondi atraviesa uno de los momentos más delicados desde su llegada al mercado argentino en 2018. Con gran parte de su flota fuera de servicio, miles de pasajeros afectados por cancelaciones y crecientes cuestionamientos sobre su viabilidad operativa, la compañía enfrenta una crisis que pone en duda la continuidad de su modelo de negocios tal como fue concebido.
Según datos del sector, entre junio de 2025 y mayo de 2026 la empresa canceló más de 2.500 vuelos, afectando a más de 350.000 pasajeros. La situación alcanzó niveles críticos en los últimos días, cuando la compañía llegó a operar con un solo avión activo en Aeroparque, obligando a suspender gran parte de los servicios programados.
Los problemas no se limitan a las cancelaciones. La puntualidad de la empresa se encuentra entre las peores del mercado aerocomercial argentino, con demoras recurrentes y un nivel de cumplimiento muy por debajo del registrado por otras compañías que operan en el país. Para miles de usuarios, la incertidumbre se convirtió en una constante a la hora de viajar.
Detrás del deterioro operativo aparecen dificultades financieras cada vez más evidentes. Gran parte de la flota permanece inmovilizada por problemas de mantenimiento y presuntas deudas con proveedores internacionales. Fuentes del sector sostienen que varios aviones no pueden volver a operar debido a incumplimientos vinculados a contratos de leasing y servicios técnicos.
La situación también expone interrogantes sobre la estrategia empresarial adoptada en los últimos años. Tras el cambio de control accionario en 2025, la nueva conducción anunció ambiciosos planes de expansión que prometían multiplicar la flota y consolidar el liderazgo de la compañía en el segmento low cost. Sin embargo, lejos de concretarse, esas proyecciones terminaron dando paso a una crisis operativa sin precedentes.
Especialistas del sector advierten además sobre una práctica que habría contribuido a agravar el problema: la programación de vuelos por encima de la capacidad real disponible. Esta estrategia permite generar ingresos anticipados mediante la venta de pasajes, pero multiplica los riesgos de cancelaciones cuando la flota no puede responder a la demanda comprometida.
La crisis también plantea interrogantes sobre los mecanismos de control estatal. Aunque la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) ya había detectado irregularidades y sancionado a la empresa por cancelaciones y reprogramaciones, las dificultades continuaron profundizándose durante los últimos meses.

