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La Argentina del desamparo: 8 de cada 10 personas ya no llegan a fin de mes

Un reciente informe de Indaga-RSO de los consultores Javier Araki y Claudio Righes, revela el fracaso del “esfuerzo” pedido por la gestión de Javier Milei.

Por Rubén Magliotti

La Argentina de Milei

A casi tres años de iniciada la gestión, la insatisfacción económica creció un 31%, el temor a perder el empleo saltó al 87% y la desaprobación del Presidente alcanza el 72%. El aguinaldo, lejos de ser un alivio, se destinará íntegramente a pagar deudas en más de la mitad de los hogares.

El espejo de la realidad social argentina devuelve hoy una imagen nítida de fragmentación y angustia. Transcurridos más de dos años de un programa económico centrado en el ajuste fiscal y la desregulación, los números del Índice de Percepción del Ánimo Social (IPAS), elaborados por la consultora Indaga-RSO en junio de 2026, exponen una herida que no deja de supurar: el 78% de los consultados en el AMBA afirma que no llega a fin de mes.

Se trata de un incremento dramático del 51% respecto de los valores registrados apenas dos años atrás, una cifra que traduce en estadísticas el sentimiento de asfixia que recorre los hogares de la clase media y trabajadora.

El informe, que relevó 3.652 casos efectivos entre mayo y junio de este año, funciona como una radiografía de un modelo que parece haber agotado la paciencia de su propio electorado. El optimismo ciego de los primeros meses ha mutado en una frustración generalizada (56%) y un pesimismo que ya alcanza al 80% de la población.

La “luz al final del túnel” que el Gobierno prometía a cambio de sacrificios hoy es percibida como un tren que viene de frente: el 88% de las personas cree que el esfuerzo económico que realiza su familia no valdrá la pena en un futuro cercano.

El aguinaldo: un pasamano para la deuda

Uno de los datos más reveladores de la precariedad actual es el destino del Sueldo Anual Complementario. Para aquellos privilegiados que aún conservan un empleo formal en relación de dependencia, el aguinaldo de junio de 2026 no significará ni un respiro, ni un pequeño consumo, ni mucho menos un ahorro.

El 53% de los trabajadores afirma que lo utilizará completamente para pagar deudas.

Este fenómeno se explica por un proceso de endeudamiento sistémico para la subsistencia. Según el IPAS, un abrumador 94% de los encuestados afirma estar endeudado o haber tenido que pedir dinero prestado para sostener los ingresos familiares mínimos.

El círculo es vicioso: el salario no alcanza, se recurre a la tarjeta o al préstamo, muchas veces informal, y cuando llega el ingreso extra, este desaparece en las fauces del sistema financiero o de los acreedores barriales. De hecho, el 56% de los consultados admite que en el último mes algún integrante de su familia tuvo que pedir dinero prestado para cubrir necesidades básicas.

Del consumo al “no-consumo”

La caída del poder de compra ya no es una percepción, sino una realidad palpable en las góndolas y en las mesas. El 87% de los consultados reconoce que sus ingresos se han licuado frente a la inflación en los últimos dos años.

Esta pérdida de capacidad adquisitiva ha forzado una reconfiguración de los hábitos de vida: el 87% de la población tuvo que buscar promociones, volcarse a segundas marcas o, lo más grave, bajar la calidad de la alimentación de su familia.

El consumo, otrora motor de la economía y del bienestar familiar, hoy se limita a lo estrictamente indispensable. El 88% de los hogares ha limitado sus salidas, viajes o actividades de recreación.

El informe destaca que el pluriempleo —trabajar en varios lugares a la vez— ya no tiene como fin el progreso o la movilidad social, sino que es una herramienta desesperada para costear la canasta básica de servicios.

A pesar de que el Gobierno insiste en exhibir la baja de la inflación como su mayor trofeo de guerra, el 94% de los encuestados tiene claro que sus salarios no le ganan a la inflación y que la supuesta estabilidad de precios no se refleja en su capacidad de consumo real.

Para el ciudadano de a pie, la macroeconomía es un idioma extranjero que no resuelve el gasto hogareño diario, que para el 69% de los encuestados ya se ubica entre los 30.000 y 50.000 pesos por día.

El fantasma del desempleo

Si en 2024 la principal preocupación era la inflación, en junio de 2026 el eje ha pivotado hacia el terror al desempleo. En apenas dos años, el temor a perder el trabajo o la imposibilidad de conseguir uno nuevo pasó del 49% al 87%. Hoy, esta es la mayor preocupación de los habitantes del AMBA.

La inseguridad laboral ha calado hondo en el ánimo social. El informe muestra que el 87% de las personas está “muy o algo preocupada” por la posibilidad de perder su fuente de ingresos. Este miedo no es infundado, sino que responde a un enfriamiento económico que ha destruido puestos de trabajo y ha precarizado los existentes. En este contexto, la satisfacción personal y familiar respecto de la situación económica ha retrocedido un 31% desde junio de 2024.

La responsabilidad tiene nombre y apellido

El relato oficial que intenta atribuir las penurias actuales a la “herencia recibida” o a factores externos parece haber chocado con un muro de realidad. El 88% de los encuestados adjudica la responsabilidad directa de su situación personal y familiar a la gestión de Javier Milei. La desaprobación de su gobierno se ha consolidado en un altísimo 72%.

Incluso la imagen personal del mandatario sufre un desgaste profundo: el 59% de los ciudadanos tiene una opinión “mala” o “muy mala” de él como presidente.

La confianza absoluta en el programa económico, que en los inicios de la gestión gozaba de cierto crédito, hoy se ha desplomado. El informe de Indaga-RSO destaca que la desconfianza absoluta en las medidas económicas alcanza el 68%, mientras que la falta de expectativas positivas creció un 42% en el último bienio.

Un futuro hipotecado

El escenario que describe el Índice de Percepción del Ánimo Social es el de una sociedad al límite. Con un 78% que no llega a fin de mes, un 94% endeudado y un 87% aterrado por la posibilidad de quedar en la calle, el contrato social que proponía el “sacrificio para estar mejor” se ha roto.

La gente ya no espera resultados; simplemente sobrevive. El sentimiento de frustración (56%) y de que el esfuerzo “no vale la pena” (88%) marca el fin de la etapa de la esperanza para gran parte de la población. El aguinaldo que se escurre entre los dedos para pagar las cuotas del mes pasado es, quizás, la metáfora más triste de esta Argentina de junio de 2026: un país donde el futuro está hipotecado y el presente es una lucha diaria contra el desamparo.

Mientras el Gobierno sigue concentrado en planillas de Excel y superávits fiscales, en las casas del AMBA la pregunta ya no es cuándo se verá la luz, sino cómo se hará para llegar a la noche siguiente con un plato de comida en la mesa y sin una nueva deuda en la espalda.

La encuesta completa aquí https://goo.su/kLiiGW

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