El síndrome mielodisplásico afecta la producción de células sanguíneas y sus síntomas pueden confundirse con otras afecciones. Especialistas advierten sobre la importancia de detectar las señales de alerta y consultar a tiempo.
El cansancio que no mejora con el descanso, la palidez, las infecciones recurrentes y los moretones frecuentes pueden parecer síntomas habituales, pero cuando persisten también pueden ser señales del síndrome mielodisplásico (SMD), una enfermedad oncohematológica que afecta la producción normal de las células sanguíneas en la médula ósea.
La enfermedad altera la maduración de los glóbulos rojos, los glóbulos blancos y las plaquetas, lo que puede provocar anemia, disminución de las defensas y problemas de coagulación. Afecta principalmente a personas mayores y, en algunos casos, puede evolucionar hacia una leucemia mieloide aguda.
La anemia es uno de los signos más frecuentes: aparece en alrededor del 85% de los casos. Sin embargo, como sus síntomas pueden confundirse con otras condiciones, el diagnóstico suele demorarse. Un análisis de 918 casos sospechados de SMD encontró que el 21% recibió inicialmente un diagnóstico incorrecto y que cerca del 10% de esos pacientes fue sometido a un tratamiento inadecuado.
“El SMD es una enfermedad que suele instalarse de forma silenciosa. Muchas veces el paciente consulta por una anemia que no mejora, por cansancio persistente o por alteraciones en los análisis de sangre que evolucionan lentamente”, explicó Ludmila Elhelou, médica oncohematóloga.
La incidencia aumenta con la edad. Se estima que la enfermedad afecta entre 3 y 5 personas por cada 100.000 habitantes al año en la población general, mientras que entre los mayores de 70 años la cifra asciende a entre 20 y 50 casos por cada 100.000 habitantes.
Además de sus consecuencias clínicas, el síndrome puede afectar considerablemente la calidad de vida. Se estima que el 42% de los pacientes necesita transfusiones de sangre periódicas, mientras que estudios sobre personas diagnosticadas registraron elevados niveles de ansiedad y angustia asociados a la enfermedad.
Cuáles son las señales de alerta
Los especialistas recomiendan consultar con un profesional de la salud ante síntomas persistentes como:
Anemia que no mejora con el tratamiento habitual.
Cansancio constante y palidez sin causa aparente.
Infecciones frecuentes o que tardan en resolverse.
Moretones o sangrados ante golpes leves.
Análisis de sangre con valores bajos o en descenso sostenido.
La presencia de estos síntomas no significa necesariamente que exista un síndrome mielodisplásico, ya que pueden responder a distintas causas. Sin embargo, una evaluación médica permite determinar si se necesitan estudios adicionales o una derivación a hematología.
En el marco del Día Mundial de los Síndromes Mielodisplásicos, que se conmemora cada 25 de octubre, especialistas buscan aumentar el conocimiento sobre esta enfermedad y remarcan la importancia de no naturalizar una anemia persistente. La consulta temprana permite avanzar con el diagnóstico adecuado y evaluar las alternativas de tratamiento disponibles.

