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El Niño y el riesgo hídrico: advierten que las inundaciones también dependen de la planificación urbana

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió que el fenómeno climático de El Niño continuará intensificándose y alcanzaría su punto máximo en diciembre. Según su último informe, correspondiente al trimestre octubre-diciembre de 2026, el episodio podría extender sus efectos hasta los primeros meses de 2027, con temperaturas superiores a la media y alteraciones en los patrones de precipitaciones en distintas regiones del planeta.

El organismo señaló que el calentamiento de las aguas superficiales del océano Pacífico tropical, especialmente en su sector oriental, refleja el fortalecimiento del fenómeno. Este escenario podría incrementar el riesgo de sequías e inundaciones, con consecuencias para las economías, los ecosistemas y las comunidades.

Ante esta perspectiva, la región pampeana vuelve a estar bajo atención por su histórica exposición a las inundaciones. Matías Araujo, investigador de la Fundación Tejido Urbano, sostuvo que el riesgo hídrico no puede evaluarse únicamente en función de la cantidad de lluvia o de la ejecución de obras hidráulicas, sino que requiere considerar también las condiciones de vulnerabilidad de cada territorio.

“Las obras hidráulicas pueden contribuir a reducir la amenaza, pero no eliminan por sí solas el riesgo”, advirtió Araujo. Entre los factores que pueden agravar las consecuencias mencionó la expansión urbana sobre áreas inundables, los cambios en el uso del suelo, la pérdida de superficies de amortiguación y las condiciones sociohabitacionales de la población.

El especialista remarcó que una misma inundación puede tener consecuencias muy diferentes según los recursos con los que cuentan los hogares para afrontar la emergencia y recuperarse. La pérdida de viviendas, bienes e ingresos puede prolongar sus efectos mucho después de que el agua baja, especialmente entre las familias con menor capacidad de ahorro y protección.

Araujo también señaló que la ocupación de humedales y zonas bajas, los rellenos, los terraplenes, los déficits de saneamiento y los basurales pueden modificar el comportamiento del agua y aumentar los daños. Por eso, planteó la necesidad de combinar obras hidráulicas con reservorios, áreas de amortiguación, superficies permeables y protección de espacios naturales.

La prevención, agregó, requiere mapas de riesgo actualizados, monitoreo hidrometeorológico, sistemas de alerta temprana, planes de emergencia y coordinación entre municipios, la Provincia y los organismos de cuenca. También consideró fundamental ordenar el crecimiento urbano para evitar que más población e infraestructura queden expuestas en zonas inundables.

Mientras la OMM anticipa que El Niño seguirá fortaleciéndose hacia fin de año, las advertencias apuntan a la importancia de anticiparse a sus posibles efectos. La intensidad del fenómeno es un factor central, pero la planificación territorial y la capacidad de respuesta institucional también pueden determinar la magnitud de los daños.

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